domingo, 22 de mayo de 2011

Carta desde la impotencia (odio tener que pensar así):

27 años, carrera, máster, cursos, experiencia, becas... ¿qué más se puede hacer? Me considero una persona con potencial, intereses, inquietudes, al tanto de lo que ocurre en el mundo. Una persona más, que intenta que sus opiniones se basen lo máximo posible en información y no en sus pasiones.

Creo que tengo cosas que ofrecer para mejorar el panorama general, y nadie en mi país apoya ese ímpetu. Se ve mucha gente incompetente ocupando puestos de trabajo por ser el primo, la novia o la hija de, no es ningún secreto, todos conocemos a alguien. Amiguismos por doquier. Muchos empleos, o becas, o ayudas están contaminadas por la titulitis, enfermedad crónica que aqueja al país. Puedes haber vivido cuatro años en Inglaterra, pero necesitas cuatro copias compulsadas de un título de inglés para poder optar a un proceso de selección.

Hay tantas cosas que pueden ser mejoradas, tantas cosas que se pueden cambiar con avances sencillos y económicos, y en cambio sólo veo despilfarro en elementos superficiales que nada aportan al bienestar general. Pero de eso se peca mucho en este país, de quedarse en lo superficial, en la anécdota, en el chascarrillo. Es superior a nosotros. ¿Es posible cambiar eso?, ¿solo puede una quejarse?

Se me antoja tan difícil refrescar el ambiente. Veo las manifestaciones del 15M y quiero pensar que esto cambiará algo, pero no puedo. Sinceramente creo que poca gente hablará de esto en mes y medio, que se convertirá en otro tópico vacío.

Y pienso: yo no soy así, yo no era así. No era cínica y pesimista, pero tengo la impresión de que no hay espacio para el optimismo o el pragmatismo en España. El día a día me ha vuelto así: el ver ofertas de trabajo en las que te piden la luna y te pagan 800 euros, el tener que vivir de mis padres porque no tengo nada a qué agarrarme, el no poder plantearme formar una familia en un futuro próximo porque es imposible, el haber vivido fuera y que con la comparación se me caiga el alma a los pies.

La frase "España podría ser tantas cosas y no es ninguna" retumba en mi cabeza algunos días. Todo lo que se podría hacer simplemente queriendo, sin grandes cantidades de dinero. Con las nuevas tecnologías a las que tenemos acceso gratuitamente a través de internet. Cambiar nuestra imagen país poco a poco, mejorar la funcionalidad de páginas web que deberían ser de ámbito internacional, unificar fuerzas para crear programas e ideas que funcionen, incentivar el intercambio intelectual en todos los sectores, generar progreso impulsando a la gente. Frente a esto solo veo conocidos que se van del país porque esto es una broma.

Recuerdo en muchas ocasiones la conversación que Federico Lupi tiene con Juan Diego Boto en Martín H en la que dice que Argentina es una trampa. No comparo la situación en ambos países , porque es diferente, pero la idea de trampa se me presenta muy creíble también aquí en España.

Nos vendieron la idea de que teníamos que formarnos, la formación era nuestra salvación. Por supuesto la formación es importante, pero en España es una trampa.

Nuestros padres, que en muchos casos no pudieron acceder al sistema educativo, sobrevaloraban, y siguen haciéndolo, lo que significa ser universitario en España... y nos lo hicieron creer a nosotros también.

Fuimos a la universidad, un instituto para veinteañeros. La experiencia, al menos en mi caso, fue bastante descorazonadora. Como todo el mundo tenía una carrera, lo siguiente era diferenciarnos del resto con un máster, especializarnos. Lo hacemos, salimos al mercado laboral y nos damos de bruces con la realidad: estamos demasiado formados para algunos puestos y para otros tenemos demasiada poca experiencia, para otros no tenemos un título determinado, etc.

El sistema educativo en su totalidad es limitado y totalmente contraproducente en el mundo hacia el que vamos. No se potencia la creatividad, las ideas nuevas, el crecimiento... a chapar se ha dicho y se acabó, eso sí, en qué dialecto lo chapes es una cuestión primordial.

Y nosotros apoyamos esto por activa o por pasiva.

Y así todo, podríamos estar todo el día hablando de diferentes sectores y de la trampa en la que nos hemos metido:

-Las empresas pequeñas y grandes y cómo se aprovechan de la situación pagando sueldos irrisorios o en negro, con horarios que deberían ser ilegales y prestaciones las justas.

-La inmigración convertida en tema polémico cuando está claro que nosotros necesitamos a los inmigrantes más que ellos a nosotros: como los jóvenes no podemos formar familias, la población del país envejece y los inmigrantes son nuestro único medio de rejuvenecerlo. Trabajan y pagan impuestos como cualquier nacional y deberían tener, por descontado, los mismos derechos, y no ser los cabeza de turco cada vez que un lobo asoma las orejas.

-Los partidos políticos, la formación media de sus representantes, etc. Sin comentarios.

-Nuestro provincialismo, tozudez y estrechez de miras ante lo que ocurre en el mundo, cosas que nos afectan e ignoramos deliberadamente. Acusaciones que no deberíamos aceptar y una imagen país que no concuerda con la realidad y aceptamos sin rechistar.

Y tantas cosas más. No veo que esto cambie, no veo que la gente esté dispuesta a luchar a largo plazo para cambiar esto, no tengo esa impresión.

Espero que se me perdone mi incredulidad y mi falta entusiasmo, pero creo que tengo unas buenas razones en las que apoyarlos. Odio tener que pensar así.

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