Algo que me llama la atención del movimiento del 15M es que cada vez que veo entrevistas o declaraciones con los manifestantes lo que oigo es: "La culpa es de los banqueros", o "la culpa es de los políticos", o "la culpa es del grupo Bilderberg y los que gobiernan en la sombra", o "la culpa es de Mickey Mouse". Me choca no escuchar a nadie aceptando responsabilidades, como si fuésemos víctimas indefensas de lo que ha sucedido, como si a lo que hemos llegado no tuviera nada que ver con nuestras acciones. Vamos a poner los puntos sobre las íes.
A la burbuja que nos ha explotado en la cara todos hemos contribuido. Hipotecándonos con coches y casas, viviendo por encima de nuestras posibilidades y dejándonos engañar. Nos quejamos de todo lo ocurrido y nosotros lo hemos aceptado encantados. Igual que ahora no somos marionetas del poder, tampoco lo éramos antes y pudimos haber decidido decir que no, no lo hicimos. Me hace gracia escuchar cosas como: el sistema crea necesidades que no deberían existir, nos hace hipotecarnos y nos come el cerebro con los medios de comunicación y la televisión basura". Estoy de acuerdo, pero ¿quién es el sistema si no nosotros?, ¡somos tan parvos mentales que no podemos decir que no a todo eso! ¿no sabemos apagar la televisión cuando la vergüenza ajena o la indignación son los sentimientos que nos provoca?, ¿alguien nos ha puesto una pistola en la cabeza para ir a hipotecarnos?
Claro que no, es nuestra culpa. Por supuesto los banqueros y los políticos son responsables también, pero nosotros somos sus cómplices. Es muy bonito salir a expresar nuestra indignación ("si no nos dejan soñar, no les dejaremos dormir", "otro mundo es posible"), pero también es muy hipócrita hacer como que nosotros no somos parte del problema.
La gente se llena la boca con la palabra pueblo, "el pueblo", "el pueblo ha hablado", "el pueblo unido", como si una masa de gente fuese buena en sí misma y por naturaleza. El pueblo se equivoca muchísimo, puede llegar a ser muy injusto y muy ciego y, en determinadas ocasiones, incluso peligroso ¿Es que nadie ha leído La rebelión de las masas?
Mientras no aceptemos nuestras debilidades como sociedad, nuestras limitaciones, nuestros errores, no iremos a ningún sitio. Teniendo esa idea infantil del pueblo y de lo que somos no podremos crecer. Somos menores de edad.
Los jóvenes también tenemos nuestra parte, y muy importante. Se dice que somos las generaciones más formadas en la historia de España, habría que verlo. Desde luego somos las generaciones con más posibilidades de formarnos, y a un muy alto nivel. Otra cosa diferente es que aprovechemos esas posibilidades. En general mi impresión de la mayoría de la juventud española es, como mínimo, dudosa. El nivel de ciertas universidades es lamentable en muchos sentidos. El conformismo y los lugares comunes campan a sus anchas. El nivel de conservadurismo, falta de crítica sería y la incapacidad de interpretación y análisis de la realidad es, en ocasiones, apabullante. El radicalismo es bastante común. Los acontecimientos que tienen lugar, ya no fuera de nuestras fronteras, sino fuera de la comunidad o la región de turno, les traen sin cuidado. El nivel de debate es también bastante deficiente. Etc.
Que conste que estoy dando la peor visión posible, pero es cierta también. En su defensa puedo decir que aquellos que aprovechan sus oportunidades suelen ser muy brillantes y preparados, y que, aún no aprovechándolas, hay mucha gente con talento e ideas interesantes.
Pero no puedo evitar que en está repentina pasión por la democracia, la lucha y la crítica haya algo que me chirríe, algo que no acabo de creerme.
Con todos los respetos, creo que lo que necesita este país en estos momentos es "un Cristo con un látigo". Alguien formado, informado y brillante que se atreva a decir las verdades, que nos diga lo que hemos hecho mal TODOS, y que nos inste a cambiarlo. Hace falta pedagogía. Lo que me temo es que nuestra falta de madurez política y social no podría soportarlo... al final, en cierto modo, nos gusta que nos mientan y lo aceptamos. Si alguien saliese ahí fuera a dar la caña que nos merecemos le crucificaríamos en un santiamén.
Odio tener que pensar así, y espero equivocarme y que me callen la boca. Pero por ahora no tengo pruebas para pensar lo contrario.
Odio tener que pensar así.
A la burbuja que nos ha explotado en la cara todos hemos contribuido. Hipotecándonos con coches y casas, viviendo por encima de nuestras posibilidades y dejándonos engañar. Nos quejamos de todo lo ocurrido y nosotros lo hemos aceptado encantados. Igual que ahora no somos marionetas del poder, tampoco lo éramos antes y pudimos haber decidido decir que no, no lo hicimos. Me hace gracia escuchar cosas como: el sistema crea necesidades que no deberían existir, nos hace hipotecarnos y nos come el cerebro con los medios de comunicación y la televisión basura". Estoy de acuerdo, pero ¿quién es el sistema si no nosotros?, ¡somos tan parvos mentales que no podemos decir que no a todo eso! ¿no sabemos apagar la televisión cuando la vergüenza ajena o la indignación son los sentimientos que nos provoca?, ¿alguien nos ha puesto una pistola en la cabeza para ir a hipotecarnos?
Claro que no, es nuestra culpa. Por supuesto los banqueros y los políticos son responsables también, pero nosotros somos sus cómplices. Es muy bonito salir a expresar nuestra indignación ("si no nos dejan soñar, no les dejaremos dormir", "otro mundo es posible"), pero también es muy hipócrita hacer como que nosotros no somos parte del problema.
La gente se llena la boca con la palabra pueblo, "el pueblo", "el pueblo ha hablado", "el pueblo unido", como si una masa de gente fuese buena en sí misma y por naturaleza. El pueblo se equivoca muchísimo, puede llegar a ser muy injusto y muy ciego y, en determinadas ocasiones, incluso peligroso ¿Es que nadie ha leído La rebelión de las masas?
Mientras no aceptemos nuestras debilidades como sociedad, nuestras limitaciones, nuestros errores, no iremos a ningún sitio. Teniendo esa idea infantil del pueblo y de lo que somos no podremos crecer. Somos menores de edad.
Los jóvenes también tenemos nuestra parte, y muy importante. Se dice que somos las generaciones más formadas en la historia de España, habría que verlo. Desde luego somos las generaciones con más posibilidades de formarnos, y a un muy alto nivel. Otra cosa diferente es que aprovechemos esas posibilidades. En general mi impresión de la mayoría de la juventud española es, como mínimo, dudosa. El nivel de ciertas universidades es lamentable en muchos sentidos. El conformismo y los lugares comunes campan a sus anchas. El nivel de conservadurismo, falta de crítica sería y la incapacidad de interpretación y análisis de la realidad es, en ocasiones, apabullante. El radicalismo es bastante común. Los acontecimientos que tienen lugar, ya no fuera de nuestras fronteras, sino fuera de la comunidad o la región de turno, les traen sin cuidado. El nivel de debate es también bastante deficiente. Etc.
Que conste que estoy dando la peor visión posible, pero es cierta también. En su defensa puedo decir que aquellos que aprovechan sus oportunidades suelen ser muy brillantes y preparados, y que, aún no aprovechándolas, hay mucha gente con talento e ideas interesantes.
Pero no puedo evitar que en está repentina pasión por la democracia, la lucha y la crítica haya algo que me chirríe, algo que no acabo de creerme.
Con todos los respetos, creo que lo que necesita este país en estos momentos es "un Cristo con un látigo". Alguien formado, informado y brillante que se atreva a decir las verdades, que nos diga lo que hemos hecho mal TODOS, y que nos inste a cambiarlo. Hace falta pedagogía. Lo que me temo es que nuestra falta de madurez política y social no podría soportarlo... al final, en cierto modo, nos gusta que nos mientan y lo aceptamos. Si alguien saliese ahí fuera a dar la caña que nos merecemos le crucificaríamos en un santiamén.
Odio tener que pensar así, y espero equivocarme y que me callen la boca. Pero por ahora no tengo pruebas para pensar lo contrario.
Odio tener que pensar así.
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